Una recomendación que no falla…

¡Que pereza otra vez a levantarse temprano!

Parece increíble que al empezar el curso lectivo en nuestros hogares se escuchan tantas frases como la anterior.  Son cientos los padres de familia que al solo pensar en el regreso a clases se llenan de desánimo y frustración, evidenciando que el proceso académico de sus hijos no es una fuente de realización ni mucho menos de diversión.

Lo más delicado está en el hecho de que las expresiones de los padres de familia e incluso sus propios sentimientos son transmitidos a los hijos e hijas, quienes a la vez perciben el curso lectivo desde la dimensión de la frustración, del desgane y hasta del tedio y el aburrimiento.

Es importante comprender que el aprendizaje es emocional, se requiere que exista una calidad de emociones que facilite el mismo, que permita que la persona se involucre con el proceso, o bien como ejercicio respóndase a usted mismo esta pregunta, ¿verdad que lo que le genera más interés a usted es lo que más fácil se le hace aprender?.  Por supuesto que si sucede en usted también sucederá en su hijo, por lo que el expresar ideas como ¨que aburrido otra vez tendré que andar detrás de ustedes para que estudien¨,  o ¨que pereza un año más andando detrás de ustedes para que apaguen el televisor para que hagan sus tareas ¨, son evidencias que indican que podríamos estar generando una atmósfera emocional nada apta para hacer del estudio una experiencia divertida y gratificante.

¿Dónde está el secreto para decirle adiós al bajo rendimiento académico?

En cualquier disciplina las personas que gozan de mayor rendimiento o también podríamos decir éxito, son aquellas que han descubierto este gran secreto.  Si hacemos un breve repaso por los deportes, miramos que los deportistas de renombre que a la vez son lo que presentan un alto rendimiento les miramos como personas excepcionales, incluso personas diferentes al promedio, les percibimos como inalcanzables y ni siquiera podemos visualizar la posibilidad de acercar nuestro rendimiento al de ellos. Cuando tengo la posibilidad de encontrarme con una persona ¨de alto rendimiento¨, siempre trato de conocer la fuente que propicia este nivel de desempeño y esto lo que me ha llevado a la conclusión que deseo compartir con usted, pero primero definamos ¨alto rendimiento¨.

El alto rendimiento es un estilo de vida donde se libera el potencial personal

Los padres de familia e incluso mis propios colegas psicólogos o bien los psicopedagogos han hecho del término alto rendimiento una asociación inmediata con la palabra buenas calificaciones y aquí es donde he encontrado el primer error conceptual.  Un deportista de alto rendimiento no es el que llega de primero en su competencia o disciplina, es quien ha encontrado el método correcto para pulir sus destrezas, su talento, su competitividad llevándola a un plano o nivel superior al promedio.  No todos los deportistas de alto rendimiento son número uno, pero si todos pertenecen a la misma élite, así que no se trata de que su hijo tenga el mejor promedio de su clase sino que su hijo pertenezca al grupo de alto rendimiento, es decir, al grupo de estudiantes que han encontrado un método para liberar sus potencialidades, que permite que sus capacidades fluyan hacia los mejores resultados.

La mejor prueba de que no siempre la mejor calificación significa alto rendimiento, la encontramos en los estudiantes que 72 horas después de realizar un examen donde su calificación superó al promedio no logra sostener lo aprendido ni interiorizarlo como parte de su aprendizaje, o sea ya no recuerdan la materia o ¿será que para algunos profesionales es esto alto rendimiento?. ¿y para usted?

¿Y dónde queda el bajo rendimiento?

El concepto de bajo rendimiento académico también se asocia con los resultados, las calificaciones, siendo un concepto que estigmatiza a tantos menores de edad que al no obtener las calificaciones que obtiene el promedio se le ubica en programas de adecuación curricular, siendo en la mayoría de ocasiones personas que cuentan con las mismas capacidades que tal vez no están siendo canalizadas o estimuladas a través del método correcto.  ¿Cómo se sentiría usted que le etiqueten como un adulto de bajo rendimiento?, le puedo asegurar que esto lesionará su propia valía y afectará su propio concepto personal, llevándole a perder autoconfianza, generando un desenvolvimiento mínimo en el área donde se te ha rotulado como alguien de ¨bajo rendimiento¨.

Ante el bajo rendimiento, solo hay una posibilidad: encontrar el método para liberar el potencial. Es importante hacer una gran diferencia entre estudiar y saber estudiar, pues es aquí en la segunda donde se encuentra el SECRETO de las personas de alto rendimiento.  Saber estudiar es contar con método de estudio que responda al estilo de aprendizaje personal (¿conoce usted el estilo de aprendizaje de su hijo?), donde se cuente con las técnicas de estudio aptas para facilitar el aprendizaje (¿cuántas técnicas le ha enseñado a su hijo para que mejore su método de estudio?) y ante todo con un hábito de estudio que me garantice los mejores resultados (¿tiene su hijo un hábito de estudio desarrollado?), este es el secreto para el alto rendimiento: SABER ESTUDIAR.

El alto rendimiento no es una calificación, es una decisión. Aquí algunas herramientas:

  1. Sea usted mismo un modelo de excelencia para su hijo, pero haga una diferencia entre excelencia y perfección.  La excelencia permite el error como el camino al aprendizaje pero la perfección lo castiga y lo reprime. La excelencia es enfrentar cualquier actividad con la mejor actitud.

  2. Deseche la mediocridad como parte de su estilo de vida.  No permita que el conformismo llegue a su puerta o se presente en sus labores, siempre se pueda dar lo mejor de sí mismo y es esto lo que han comprendido las personas de alto rendimiento.

  3. El valor por excelencia que diferencia a las personas de alto rendimiento se llama ¨Autoexigencia¨, es un criterio de filosofía de vida donde hay una invitación constante de ir a otro nivel en el desempeño personal.  No confunda la autoexigencia con la terquedad o con el obsesionarse con un resultado, es ser flexible al intentarlo pero intentarlo con toda la fuerza posible.

  4. Nunca permita que su hijo utilice frases como ¨no puedo¨, mejor enséñele a expresar ¨cómo puedo hacer esto de otra forma?¨.  Las personas de alto rendimiento buscan diferentes caminos para llegar a su meta antes de rendirse.

  5. Nunca establezca de parámetro una calificación la cual sus hijos deben alcanzar, pues se trata de que ellos puedan mejorar su propio parámetro.  Los padres de familia que se centran en la calificación de los hijos los desconcentran de su propio aprendizaje, pues centran su atención en sus calificaciones y no en su aprendizaje.

  6. Nunca utilice el rendimiento académico de otros como parámetro para sus hijos, al contrario refuércele su individualidad e identidad, pues es único y debe aprender a vivir a su propio proceso y ritmo. Invítele a aprender de las personas de alto rendimiento y no a competir con ellas.

  7. No olvide que el alto rendimiento es una decisión, solo cuando se elige dar lo mejor de sí mismo es cuando el potencial se libera.  Añada a esta decisión un método efectivo de estudio que se componga de técnicas y ante todo de un HABITO de estudio ahí está el secreto.

Herramienta recomendada

Todos los padres de familia desean que sus hijos e hijas tengan éxito en su rendimiento académico, sin embargo, en ocasiones no existe la suficiente información y claridad de cómo lograrlo, por  lo que existen casos donde las familias entran en círculos viciosos donde los conflictos son constantes, lo que lesiona la dinámica familiar.  Es esta oportunidad ponemos a su alcance este módulo para pueda contar con las herramientas efectivas que le permitan aumentar el rendimiento académico de los hijos e hijas

Curso rendimiento academico

Por:

Lic. Wagner Eduarte

GRUPO CIP 2253-7575

www.herramientasfamiliares.com

www.grupocip.org

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