¿Te cuesta llegar a acuerdos con tu pareja o con tu ex pareja respecto a la crianza de los hijos?, pues si la respuesta es ¡sí!, no se preocupe, es lo normal.   Para nadie es un secreto que la conformación de una pareja es un proceso que atraviesa varias etapas y dinámicas, donde la capacidad de adaptación está a prueba cada día, pues incluso hay quienes dicen que los hombres somos de Martes y las mujeres de Venus.  En fin, más que nuestras diferencias sean a partir de nuestro origen, la responsabilidad recae en una sociedad que nos socializa y educa bajo paradigmas diferentes, razón por la cual cuando debemos convivir en pareja se convierte en un desafío comprender el código género-afectivo de la otra parte.  Aún así aunque en ocasiones se vuelva complicado convivir con otra persona socializada bajo mandatos opuestos a los propios es posible una convivencia sana, es asunto de actitud.

Mantener una relación de pareja es un arte…

Si fuese sencillo lograr que una relación pareja sea perdurable, no estaríamos observando las estadísticas tan alarmantes de divorcios, todas las parejas lograrían mantenerse a través del tiempo, sin embargo sabemos que no es así, razón por la cual toma relevancia el análisis del binomio PAREJA-FAMILIA.

La pareja es el fundamento de la familia, es el subsistema familiar que se conforma primero y por ende su papel protagónico en la dinámica familiar.  Extrañamente aunque entendemos este principio, cuando nos referimos a la variable familia, anulamos a la pareja, quien se mantiene invisibilizada en el análisis familiar, pues nos referimos solamente a la relación padres-hijos como si la familia no tuviera otros miembros esposo-esposa.  Esa tendencia a borrar a la pareja cuando nos referimos a la familia tiende a limitar los abordajes preventivos que buscan fortalecer el seno familiar, ya que la clave está en equilibrar las tres “P” de la familia: PERSONA-PAREJA-PADRES.  Cuando en una familia sus miembros no logran poner en equilibrio estos tres roles empieza muchas veces la disfuncionalidad.

Si se puede ser Pareja sin dejar de ser Padres


  • Aunque la llegada del primer bebé a la familia se convierte en una experiencia mágica, debemos centrar la vida en familia en todas las fuentes de gratificación posibles, en este caso la pareja debe seguir siendo una fuente de gratificación y descanso.
  • En ocasiones el rol parental, específicamente a las madres de familia les termina absorbiendo la totalidad de su tiempo, pues la mujer recibe el mandato cultural desde el machismo, de ser la responsable directa de la crianza, cuidado, educación y academia entre otros aspectos, lo que le lleva a suprimir el espacio de pareja.
  • Incluso recordemos dado lo anterior que hay un sector de la población femenina que anula el espacio individual con la llegada de la maternidad, pues experimentan sentimientos de culpa cuando se dedican a su realización personal, de ahí la importancia de comprender que ser MUJER es más que ser MAMA; es ser PERSONA.
  • Mientras la mujer comienza a ser presa de este juego cultural, el hombre también termina siendo absorbido, pues desde el machismo el hombre promueve la actitud de la madre de vivir para los demás menos para sí misma, lo que al final termina también afectándolo a él al punto que la esposa amada pasa a ser solamente “la madre de mis hijos”.  Esto explica porque tantos hombres resuelven afuera de su hogar el vínculo afectivo y sexual que se empobreció con su pareja a través del tiempo pero con mayor intensidad desde la llegada de los hijos e hijas.
  • En resumen quite el piloto automático de su relación y recuerde que el vínculo de pareja no se enriquece a partir de la casualidad, mucho menos a través de la maternidad o paternidad sino de la vivencia y de la vivencia en pareja.

Pero, ¿qué pasa cuando dejamos de ser pareja pero continuamos siendo padres?

Es común en nuestro contexto que las parejas que no lograron consolidar su proyecto de vida en común, dadas la infinidad de variables asociadas, buscan la manera de re-direccionar sus vidas y parte de esta decisión es finalizar la relación de pareja y la convivencia; pero ¿se puede seguir siendo padres sin ser pareja?.

Realmente si es posible ser padres sin ser pareja, pues ambos roles son una función que se desempeña que suman a una totalidad que es la familia.  La función de la pareja es amarse mutuamente y consolidar el proyecto de vida en común, por lo que al concluir esta función la que compete a los “padres”  continúa intacta y no debería verse afectada, pues aunque existe un divorcio con la pareja no existe un divorcio con los hijos, bueno, al menos legalmente hablando.

  • No olvide que el mayor impacto en el momento de terminar una relación de pareja no está en su final, sino en la manera “cómo” se llevó a cabo el final.
  • Aunque siempre estarán los afectos involucrados al finalizar una relación de pareja pues en la mayoría de casos la decisión no es por mutuo y “pacífico” acuerdo, es importante que las emociones sean canalizadas de la manera más efectiva posible con el fin de no traumar ni lesionar a los hijos e hijas.
  • No utilizar a los hijos como chantaje emocional es una de las reglas éticas aún cuando la relación ya terminó, ya que los hijos e hijas no son parte de la PAREJA sino de la FAMILIA.
  • En aquellos casos donde no existe la madurez emocional para finalizar la relación y continuar bajo un rol de padres, es importante buscar ayuda de terceros, preferiblemente de un profesional que les oriente en la nueva dinámica familiar y permita llegar acuerdos sobre la custodia, la crianza, la corrección, las actividades académicas y extra-curriculares, etc.

Recomendaciones para aquellos que son sólo padres, pero también para los que aún son pareja para que no mueran en el intento de ser padres…

  1. Revisen constantemente su contrato psicológico: el contrato psicológico se refiere a todas aquellas expectativas que surgen en las relaciones interpersonales, las cuales en su mayoría se mantienen de manera implícita, razón por la cual se deben hacer explícitas.  La manera de acordar las expectativas que se tienen de la otra parte es a través de la herramienta más poderosa que los seres humanos poseemos “el diálogo”.  Sólo a través del diálogo se logrará llegar a una negociación en aquellos aspectos que generan malestar emocional y pueden estar afectando la forma de vivir el rol parental.  No olvide que es importante re-negociar el contrato psicológico pues todo sobre-entendido se transforma en un mal-entendido.
  2. Separe la pareja o ex pareja de la madre o padre: en ocasiones hay personas que tienden a mantener una idea integralizada de la otra parte, aún cuando la relación ya finalizó, por lo tanto hacer consciente esta separación de roles y funciones es crucial, no puede ser posible que lo que sucede en la función de “padres” afecte a la “pareja”, quienes a pesar de ser los mismos miembros tienen una función diferente.  No permita que lo que sucede en la pareja o en la ex pareja afecte el “equipo parental”, ahora más que nunca se requiere que ustedes trabajen como equipo por sus hijos e hijas.
  3. Resuelva y no acumule: en ocasiones el silencio se convierte en el enemigo número uno de las relaciones, pues hay dinámicas de relación donde no existe la suficiente honestidad emocional para expresar aquellos malestares, por lo cual fomentar el crecimiento de la asertividad es una oportunidad para resolver con prontitud lo necesario, ya que en caso contrario se hará crecer los rencores y resentimientos que detonan hasta en violencia.  No olvide, los problemas son como la maleza si no se cortan a tiempo seguirán creciendo.

Por Lic Wagner Eduarte

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