¡Estoy harta, tengo que repetirte mil veces las cosas para ver si acaso hacés algo!. Esta es una frase que retumba constantemente en nuestros hogares, dicho sea de paso no siempre los padres de familia hacen un alto en el camino para evaluar su fuente.  Lo cierto del caso es que esta variable tiene que ver con el liderazgo personal y para comprobarlo respóndame estas preguntas, ¿cree usted que a un líder hay que recordarle con frecuencia lo que tiene que hacer?, ¿se imagina usted al Gerente de una empresa que la Junta Directiva tenga que recordarle sus obligaciones?, o bien ¿existirá algún médico que atendiendo un parto se le tenga que enlistar sus funciones?.  La respuesta un unánime: NO.

Puedo afirmar que el liderazgo se logra medir en los hijos e hijas desde sus primeros años de vida, entendiendo liderazgo entre otras cosas como la capacidad de influir, de asumir y decidir,  de iniciar sin esperar, de organizar para alcanzar, claro está donde los resultados que se alcancen generen un beneficio grupal sin lesionar a terceros, de lo contrario estaríamos hablando de liderazgo negativo.

¿A cuál padre de familia no le gustaría formar un hijo o hija con liderazgo positivo?


La psicología moderna plantea que la labor de los padres de familia a través de la disciplina que ejercen hacia sus hijos e hijas “debería” tener como objetivo el desarrollo del autocontrol y de la auto-regulación, en otras palabras que los hijos e hijas por sí mismas aprendan a controlar sus actos y a decidir de manera acertada; sin embargo los patrones de crianza muchas veces se alejan de este objetivo, lo que a mediano y largo plazo puede limitar el potencial de liderazgo de las personas en formación.

Aquella discusión que ha permanecido por siempre sobre el liderazgo, ¿nace o se hace?, nos lleva a recordar algunas investigaciones desde la psicología social las cuales se han llevado a cabo de manera experimental y han brindado evidencias de que el liderazgo se hace, se hace desde una dinámica familiar sana donde los padres de familia tienen sus roles claros así como su propósito parental: formar hijos e hijas seguras de sí mismas.

Si usted desea formar niños y niñas con un liderazgo positivo considere las siguientes recomendaciones:

  1. Revise su estilo y patrones de crianza. Cuando un padre de familia tiene un patrón de crianza basado en la sobreprotección y el control hacia sus hijos probablemente limitará el potencial del menor, generando una relación de dependencia donde el hijo no podrá tener sus propios criterios para asumir sus decisiones, lo que se irá transformando en un sentimiento de inseguridad que le inhibirá en diversos estadios.
  2. Participe a los hijos en los procesos de toma de decisiones. Es lo que se llama “Liderazgo democrático”, lo que no sólo modela un liderazgo efectivo sino que permite que los demás se involucren en la construcción de las soluciones generando a la vez un sentido de responsabilidad personal que muestran las personas con liderazgo.  Sabemos que hay decisiones en un hogar que no son negociables pero existen en la cotidianidad familiar una serie de oportunidades para estimular en los hijos el liderazgo al construir en conjunto posibles soluciones.
  3. Establezca una lista de deberes pero permita que los hijos las ejecuten según su estilo. El hecho de que un hijo tenga que cumplir con una serie de deberes le enseña desde temprana edad en la búsqueda de objetivos así como en la habilidad de organización personal, aspectos cruciales en el liderazgo.  Sumado a lo anterior permita que en la ejecución de los deberes, los hijos establezcan su plan de acción limitando su función como adulto a establecer los plazos así como a su supervisar los resultados.
  4. No reprima la iniciativa de los hijos. Aquellos patrones de crianza donde no se estimula la autonomía, la iniciativa y la creatividad, genera en los hijos un sentimiento de frustración y de temor que a la postre lesiona no sólo su autoestima sino su propia auto eficacia, la cual hace referencia al juicio que se hace de las propias capacidades.  Aumente su tolerancia al error pues permitirle tomar la iniciativa es una excelente actividad para fortalecer la voluntad del menor. Aclare a la vez el margen de iniciativa y por supuesto los riesgos cuando sea necesario.
  5. Utilice el reforzamiento verbal para estimular el liderazgo. Refuerce verbalmente a los hijos cuando han asumido un reto, han llevado una tarea, han cumplido con su deber, han tomado una decisión, etc.  La mejor recompensa para cualquier persona es el elogio, más si se lleva a cabo en público, razón por la cual utilizar este recurso es crucial, eso si no olvide que a los hijos se les refuerza y se les ama por lo que SON y no por lo que HACEN, de manera tal que amplíe su concepto de liderazgo, no en función solo del LOGRAR sino del SER.

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Lic. Wagner Eduarte Saborío

(Administrador de Empresas y Psicólogo)

Grupo CIP (506)2253-7575

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